Se me rompió la brújula una tarde
De la que apenas si recuerdo,
A alguien que se reía hablando por teléfono,
Y un crepúsculo largo, desolado, sangriento.
En pocas horas se me vació el alma.
Después la luna me salió al encuentro,
Y recorrimos juntos los lugares,
Donde ya agonizaban los recuerdos.
No he vivido una noche como aquella,
Ni he sentido un dolor así en el pecho.
Mientras, mi fe rodaba hecha pedazos,
Y no me reflejaban los espejos.
Se me helaba la copa entre las manos,
Litros de alcohol mezclado con silencio.
No he vuelto a despertar desde aquel día,
Para seguir soñando el mismo sueño.